¿Y a dónde vamos ahora? Algunas ideas  sobre los viajes de incentivos

Los viajes de incentivo con personal shopper relazan destinos clásicos como Londres

Los viajes de incentivo con personal shopper relanzan destinos clásicos como Londres

Decíamos ayer que los viajes de incentivo en las empresas y el turismo de congresos presentaban un panorama más bien tibio para el próximo año, aunque con perspectivas de crecimiento. Hoy queremos traer algunas tendencias en los viajes de incentivos para el próximo año y quién sabe si para el siguiente también.

Los viajes de incentivo, como la vida dentro de las empresas, han cambiado mucho desde que la situación económica entró en recesión en 2008. Como apunta Eva López Álvarez en su reportaje para la revista Focus, los viajes de incentivo antes de 2008 servían a una empresa para mostrar poderío económico hacia sus mejores clientes o sus ejecutivos más destacados.

Después de atravesar siete bíblicos años de vacas flacas, penurias de expedientes de regulación de empleo, contracción de salarios y recorte en primas por objetivos, las empresas vuelven a disponer de presupuesto para organizar viajes de incentivos. Ahora bien, la percepción sobre los mismos ha cambiado: de generosa demostración de músculo pecuniario a muestra insensible de ostentación y despilfarro. Es muy posible que esos trabajadores premiados con un viaje en el que vivirán experiencias increíbles no se encuentren tan cómodos durante su estancia mientras saben que en la oficina están aplicando un expediente de regulación de empleo a sus compañeros.

A pesar del cambio en esta percepción, los datos recogidos por la revista estadounidense Incentives&Marketing muestran que el 73% de empleados que participan en un viaje de incentivos rinden más y mejor en su puesto de trabajo.

Así que el panorama está claro: los viajes de incentivos funcionan pero hay que darle una vuelta a los destinos escogidos y al programa de actividades para realizar.

O como cantaron los Guns&Roses: “¿A dónde vamos ahora?”.

Las alternativas son: optar por los destinos próximos, recuperar lo local y añadir nuevos alicientes a destinos que, a priori, parecen agotados.

Contenidos, contenidos, contenidos.

El objetivo es obtener los beneficios de los viajes de incentivo, esto es, ofrecer una experiencia remarcable que sirva para lograr un mejor ambiente de trabajo y una mayor productividad pero manteniendo un perfil discreto en el coste para la empresa.

Esta meta puede alcanzarse si ofrecemos experiencias únicas y de calidad en los viajes de incentivos. Nadie prefiere ir de viaje si puede obtener más dinero, vía comisiones o aumentos, así que para mantener el estatus de estos viajes es necesario ofrecer un extra.

Las Destination Management Companies (DMC) se enfrentan a este nuevo obstáculo. Comentábamos al principio del post que un día en la oficina de una DMC antes de 2008 consistía en ofrecer experiencias audaces sin reparar en gastos: golf en resorts de los Emiratos, o estadías en  playas paradisíacas y hoteles de lujo eran los recursos más habituales.

Hoy se demanda imaginación y dosis de elemento sorpresa para mantener el nivel de los viajes de incentivo pero manteniendo una apariencia modesta. Las apuestas, por consiguiente, se concentran en relanzar el atractivo de los destinos locales. Los lugares con playa, las compras en mercados autóctonos y las sorpresas en destinos más o menos conocidos son alguno de los elementos que más valoran los usuarios de viajes de incentivos, así que quizás sean estas las pistas a tener en cuenta a la hora de relanzar la oferta de destino.

El atractivo de lo local: los destinos más cercanos y con historia son un gran recurso para esta nueva etapa de los viajes de incentivo. Las empresas valoran los pueblos pequeños con encanto para sus viajes de incentivo ya que se abre un abanico de actividades con poco tiempo de estancia. Si se trata de un viaje individual (empleada con pareja o familia) la estancia media es de dos días; si se trata de un viaje de grupo, la estadía se prologa hasta los cuatro días. Galicia dispone de innumerables pueblos con encanto en los que añadir actividades singulares: el enoturismo en zonas conocidas pero poco visitadas como la Ribeira Sacra; las actividades de senderismo en el interior de las provincias de Lugo u Ourense o el cicloturismo en algunos lugares de Costa da Morte aportan distinción y una experiencia única e inolvidable. Por supuesto, si se trata de ofrecer una experiencia gastronómica, Galicia es una potencia sin discusión alguna. El objetivo de mantener el equilibrio entre la excelencia y la contención presupuestaria estaría cumplido.

Un giro inesperado en un lugar conocido: Muchos destinos parecen, a primera vista, consumidos por la rutina del viajero. El margen para ofrecer un viaje de incentivo que merezca tal apelativo está en ofrecer un punto de vista diferente. Por ejemplo, una empresa ofrece dramatizaciones a sus clientes durante su estancia en Londres  en las que tienen que resolver un misterio. O dan vueltas por los circuitos esotéricos de París: locales significativos, criptas y catacumbas. Sólo se nos ocurre un lugar con más potencial que Santiago de Compostela para ofrecer un paseo crítico, y es Toledo.

Otra forma de ofrecer un giro a un destino más conocido es aprovechar sus barrios de compras. Empresas como uniche-chic.com ponen a disposición de los viajeros un personal shopper que los acompaña por el barrio de compras de la ciudad e incluso los asesora sobre cambios de imagen.

A Ribeira Sacra es un destino de enorme potencial para viajes de incentivos

A Ribeira Sacra es un destino de enorme potencial para viajes de incentivos

El turismo rural encara una nueva etapa: otro destino atractivo para ofrecer en los viajes de incentivo está en el rural. Pero, cuidado, no se trata simplemente de enviar a los clientes importantes o ejecutivos destacados a una casa rural en medio de la nada. La estancia debe estar completada por un servicio de lujo o, por lo menos, que sea muy destacado. A este respecto, nos viene a la memoria el repunte del fenómeno del glamping  que cogió fuerza este verano en muchos lugares del sur de España. Se trata de ofrecer una estancia en un paraje natural pero con instalaciones de lujo.

Como pueden ver, se inicia un tiempo nuevo en el sector. El aumento del valor de lo local puede aprovecharse para potenciar Galicia como receptor de este tipo de viajes pero hay que aplicar imaginación y excelencia.

¿Cómo lo ven ustedes?

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